Mare Nostrum
En mis viajes por el mundo del vino, y sin ser profesional ni dedicarme a esta gran cultura, he conocido varios rincones, que a pesar de la mano cada vez más destructiva edl hombre, son tesoros enológicos, paisajísticos y naturales.
Yo no niego mi condición de urbanita, pero descubrir que en estos parajes sobrevive una especie milenaria, que con sus variedades, siempre nos da el fruto madre para conseguir deleitar el paladar.
Los tesoros maravillosos que descubrí al visitar La Rioja, una ribera del Ebro plagada de viñas, un valle repleto de plantas entre las Sierras de Cantabria y de La Demanda y que se extiende por toda la comunidad y aunque limitada administrativamente van más allá al norte con Vitoria y Navarra, al este con Aragón, al oeste con Burgos y al sur, mas montañosa y con menos plantas, Soria. Sus bodegas y elaboradoras triunfan en el mundo, por tradición e innovación, por cantidad, por calidad y por ser una tierra que ha sabido sacar el máximo rédito a su tesoro natural.
No puedo decir menos de Navarra, de la tierra de reyes y castillos que, con sus tópicos de hacer vinos jóvenes y frescos, tambien nos ofrece grandes vinos más elaborados y sugerentes. Siguiendo el curso del valle del Ebro, entre la Tierra Alta y la Tierra baja, en absoluta harmonía con la huerta riberense, tenemos grandes plantaciones y bodegas bien armonizadas, constituyendo un territorios, que como en la mayoría mira a nuestro mar Mediterráneo, teniendo un clima continental y un terruño excepcional para elaborar grandes vinos.
